¿Qué más da lo que dure nuestra especie?

Prefacio

El tema tratado aquí es sin duda muy polémico, y es evidente que puede despertar emociones muy negativas en algunos lectores. No obstante os pido por favor que si vas a leer el resto de esta entrada, lo hagáis con una mente abierta y honesta, libre en lo posible de estos prejuicios (sentimientos) subjetivos.

¿Qué más da lo que dure nuestra especie?

Si miramos a nuestro alrededor, vemos como todos se preocupan (nos preocupamos) por el futuro de la humanidad, pero sin embargo son pocos (casi ninguno) los que se molestan en intentar comprender si tal preocupación tiene alguna justificación no instintiva. Es decir; que es indudable que normalmente nadie en su sano juicio suele dudar de que el ser humano debería sobrevivir y persistir para siempre pero...¿por qué queremos eso? ¿cuál es la procedencia de este deseo innato nuestro que nos viene de alguna manera de "fábrica"?

La respuesta en sí es clara: queremos instintivamente lo que la evolución necesita que queramos. Y la evolución gira en torno al "deseo" natural de supervivencia y reproducción, por lo que bajo ese paraguas se ha forjado nuestro cerebro de simio venido a más. Así pues no es de extrañar que la idea de la supervivencia de nuestra especie sea quizás la idea (innata) más fuerte e inamovible que nos podamos formar. Y en este sentido es evidente que por mucho que se reflexione, jamás la razón va a doblegar a este deseo fundamental y básico que llevamos programado en el cerebro. No obstante, y a pesar de ello, podemos pensar sobre el asunto (intentado ser lo más objetivo posible) a pesar de que finalmente tal meditación no vaya a servir para nada en la práctica (puesto que como decimos la aspiración y el anhelo de eternidad la llevamos muy bien codificada por entre nuestras redes neuronales).

La cuestión entonces queda así: la persistencia del ser humano (subjetivamente) nos importa mucho (no tenemos elección) pero, ¿debería (objetivamente) de ser así? Vamos a verlo:

Vamos a partir de una premisa muy clara que nos cuenta la cosmología moderna: el destino final de nuestro Universo está ya escrito. Hay cuatro (y sólo cuatro) posibles alternativas para el fin de lo que entendemos como mundo: Big Rip, Big Bounce, Big Crunch, o "muerte" térmica. El Universo estático y eterno en el que se creía hasta bien entrado el siglo XX pasó a la historia (al propio Albert Einstein le costó aceptar esta realidad). Y aunque estos cuatro posibles desenlaces para nuestra realidad tienen propiedades muy distintas, hay algo que mantienen en común: con el paso del tiempo, las inamovibles leyes físicas que lo han determinado todo desde el principio, llevarán a que sea imposible cualquier existencia o fenómeno dentro del Universo. Es más, dado todo nuestro conocimiento físico actual (que es mucho), existe la garantía de que llegará el momento en que cualquier pasado histórico será igualmente borrado de la existencia. Llegado el momento, lo que pasó o dejó de pasar será indistinguible para la "realidad", y no habrá de hecho manera física alguna de recuperar o "recordar" ningún evento o acontecimiento pasado. Con su "muerte" (o mejor dicho, mientras "muere"), el cosmos aniquilará (borrará) todo lo que ocurrió en su ser durante los eones previos hasta que por fin no quede nada (en sentido literal).

Y aunque esta "muerte" ocurrirá dentro de billones de años, aún así podemos preguntarnos legítimamente del siguiente modo:

¿Qué más da lo que dure nuestra especie? ¿Qué más da siglo arriba o siglo abajo si el final va a ser el mismo? Como diría Nietzsche: "[...]el destino del hombre no se distingue del destino del más vil gusano." (Aforismo 753 de Voluntad de Poder). El ser humano está condenado por su propia esencia natural (evolutiva). Da igual lo que pretendamos conseguir con ese supuesto y vanagloriado "libre albedrío" nuestro: el final será el mismo, porque es sólo cuestión de más o menos tiempo. Y siendo este fatal destino como es seguro: ¿a quién le importa alargar la agonía de lo inevitable? 

Si no acaba con nosotros el hambre, lo hará una guerra nuclear, un meteorito, una enfermedad mortal, un cambio climático, la "rebelión" de las máquinas, o cualquier otra cosa. E incluso si logramos escapar y colonizar otros planetas y galaxias; como decimos, las propias leyes físicas garantizan el fin de toda existencia (y la erradicación histórica) conforme se acerque su "muerte" natural. 

Por tanto, repito: ¿Qué importa el plazo cuando el final es el mismo? ¿Puede, para empezar, haber utilidad para algo dentro de un Universo condenado a desaparecer por completo en la nada? Y si no podemos vislumbrar una utilidad (objetiva) clara para ningún fenómeno dentro del mundo: ¿para qué entonces tanto esfuerzo y empeño en encadenar generaciones de humanos? 

Todos se llenan la boca con eso del Bien de la humanidad, la necesaria supervivencia del hombre, y demás palabrería, pero: ¿para qué tanta vehemencia por sobrevivir como especie? ¿sirve acaso de algo (o para algo) nuestro ser como humanos? ¡Pues es que en principio parece que no! Existimos por existir y para existir, y nada más (esencia natural evolutiva). Y eso estaría quizás bien (sería aceptable)...si no fuese porque (como sabemos con certeza) todo terminará más pronto que tarde; y porque con este final anunciado se irá al traste todo el esfuerzo (lucha, dolor y sufrimiento) de cualquier generación y existencia pasada. En el momento en que el Universo acabe (y "muera" junto con la memoria del fenómeno pasado), se hará evidente que todos habrán (habremos) luchado finalmente por y para nada esencialmente relevante

Como Unamuno dijo: 

"Quitad la propia persistencia, y meditad lo que os dicen. ¡Sacrifícate por tus hijos! Y te sacrificarás por ellos, porque son tuyos, parte prolongación de ti, y ellos a su vez se sacrificarán por los suyos, y estos por los de ellos, y así irá, sin término, un sacrificio estéril del que nadie se aprovecha. Vine al mundo a hacer mi yo, y ¿qué será de nuestros yos todos? ¡Vive para la Verdad, el Bien, la Belleza! Ya veremos la suprema vanidad, y la suprema insinceridad de esta posición hipócrita." (fragmento de la obra: Del sentimiento trágico de la vida). 

Como dice el filósofo español, el día en que todo termine (sea cuando sea): ¿qué será entonces de "nuestros yos todos"? ¿de qué habrá servido ese durísimo sacrificio estéril del que nadie se podrá ya aprovechar? 

Pero además el plazo no es tan largo como parece. Tú existencia personal lector (como la mía) acabará en pocas décadas (y no en billones de años), pero resulta que con el fin de nuestra consciencia el transcurso del tiempo perderá la validez que le damos subjetivamente. Por ejemplo; los casi 14 mil millones de años que pasaron antes de mi nacimiento: ¡fueron "instantáneos"! Yo no sentí el paso del tiempo antes del surgimiento de mi consciencia, y puedo esperar por tanto lo mismo para ese futuro que sobrevivirá tras mi muerte: pasarán los millones de años de manera "instantánea" en relación a lo que pueda quedar tras de mí (es decir; de mi"yo"). 

Y del mismo modo que nos parece al despertar que pasaron las 7 horas del sueño en un solo "instante"; ¡igualmente en un "instante" pasarán tras nuestra muerte (en ese sueño eterno) los billones de años que lleven a la existencia Universal completa (sin nuestra persona) a su final! Será por tanto un pequeño soplo de tiempo el que nos acerque a ese instante que ahora parece ilusamente muy ("muy") lejano. Pero insistamos una vez más para luchar contra esta ilusión: lo que nos separa realmente del fin de la humanidad (junto con el final de todo lo demás), son simplemente estas pocas décadas de lucha que nos quedan por delante en pos de un fin (evolutivo) que reconocemos ya como totalmente irrelevante (objetivamente y en relación al hombre como tal)

En este sentido, podemos decir que tras 14 mil millones de años (que transcurrieron como si fueran 14 milisegundos), pasaremos por la existencia como seres conscientes por durante unas 6 ó 7 décadas (con suerte): lucharemos y sufriremos por sobrevivir lo suficiente como para poder replicar una larga cadena de moléculas con instrucciones para fabricar nuevas personas; para finalmente morir luego y que otros tantos miles de millones de años pasen inmediatamente llevándose por delante todo lo que hayamos podido conocer en estos pocos años de existencia. 

En este concreto sentido objetivo, la existencia humana es absurda; y esa supuesta lucha por el Bien de la Humanidad y por el futuro Bienestar de los hijos de la Humanidad...más absurda aún. Cualquier preocupación por el futuro de nuestra especie es tan absurdo como preocuparse por el futuro de un castillo de arena en la orilla de una playa. 

Y todo lo que digo por supuesto puede sonar a nihilismo extremo, y quizás lo sea; pero no por eso tiene que ser falso. El hecho de que un argumento despierte en nosotros una emoción negativa no debería nunca de servir como prejuicio contra su validez, aunque es por desgracia éste un sesgo que todos llevamos "dentro".

Podemos por lo tanto decir tras esta reflexión (a modo de corolario y en contra de nuestras emociones y sentimientos innatos) que: ¡qué más da lo que dure nuestra existencia como especie!

Este artículo es una ampliación y reedición de esta fuente original: quevidaesta2010.blogspot.com/2016/06/que-mas-da-lo-que-dure-nuestra-es