“Votar no cambia nada — los políticos siempre ganan”. No siempre ha sido así, pero últimamente se oyen mucho variaciones de esta frase, y no sólo en el Reino Unido. La podredumbre se implantó en el siglo 19, cuando el sistema legal estadounidense comenzó a reconocer a las corporaciones como personas de facto. Pasamos rápido el colapso del ancien regime y entramos en el colonialismo de segunda generación: una vez que los Estados Unidos de América recogieron el manto de la hegemonía mundial del quebrado imperio británico en 1945.
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