Varias generaciones de niños aborígenes australianos, la civilización viva más antigua del planeta, fueron arrancados de sus familias y llevados a “civilizar” a orfanatos y casas de acogida en las grandes ciudades, acabando la gran mayoría de ellos como mano de obra barata, en casas de blancos como sirvientes y criados. En la actualidad siguen luchando desesperadamente por saber quiénes son y contra los efectos de una inhumana política racial.
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