Todos somos Metalpacos en potencia, según parece. Una mala época, un parón a la hora de descubrir bandas absurdas con guitarras de ocho cuerdas, un problema con la tarjeta de crédito asociada a nuestra cuenta de Spotify con la que seguir descubriendo música perpetuamente, un mal divorcio…todo nos puede llevar a convertirnos en Metalpacos. Da igual la edad que tengamos.
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