Se trataba de una chica baja, muy bajita y rechoncha que ni siquiera formaba parte de la manifestación. Una chica imperceptible y calmada. Una chica ajena a todo conflicto que fue agredida y empujada con fuerza por un noble agente del orden. Hasta aquí, nuestra normalidad democrática. Pero este defensor de la ley añadió un grito de guerra. Una frase sonora y potente que oímos todos los presentes. Mientras empujaba a la chica gritó en un perfecto catalán: "Apártate, inmigrante de mierda!"
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