Las inmobiliarias tienen prohibido a día de hoy hacer visitas con los clientes a los inmuebles en alquiler. Y también abrir la oficina para firmar contratos. No se permiten las mudanzas y los notarios solo atienden urgencias. «Los propietarios de alquiler turístico están que se tiran por el balcón, pero no se puede hacer nada, estamos atadas de pies y manos», reconocen. La actividad se reduce a atender consultas por teléfono y publicar anuncios en internet para publicitar las viviendas cuando el mercado vuelva a abrirse.
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