No son voluntarios. Son personas increíbles. Los individuos que se acaban de jubilar tienen una sabiduría y una experiencia muy valiosa, acumulada a lo largo de muchos años. Convertir la jubilación en una renuncia a ese capital humano es un estrepitoso despilfarro para la sociedad. Pero, además, en lo personal, transmitir a un individuo el mensaje de “ya no sirves para nada” tampoco es muy sensato.
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