Suiza niega ser un paraíso fiscal, y de hecho no está en lista elaborada por la Agencia Tributaria que señala con el dedo a los países rebeldes, a diferencia de Chipre, Liechtenstein y Mónaco, entre otros. Pero lo cierto es que el blindaje que protege a su banca de la obligación de proporcionar datos de clientes a otros países ha sido la piedra de bóveda de la prosperidad de un país en el que el sector financiero representa más del 10,5% del Producto Interior Bruto (PIB). El secreto bancario helvético data de 1934, cuando fue institucionalizado
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