En una torre situada en mitad del río Vístula, a su paso por Varsovia, hay un pequeño acuario con ocho mejillones que vigilan la calidad del agua de la ciudad. Los moluscos tienen acoplados unos pequeños sensores de modo que, si seis de ellos se cierran durante más de cuatro minutos, el suministro de agua se corta de inmediato, para evitar un envenenamiento de la población en el tiempo que tardan en llegar los resultados de los análisis químicos diarios.
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