Agobiados por las facturas a pagar, los museos italianos se inventan mil trucos para garantizar su futuro con ingresos extraordinarios y equilibrar sus balances: alquilan salas para comidas, cenas o encuentros de empresas; permiten desfiles de moda o rodaje de películas; buscan patrocinadores y aprovechan a sus expertos como consultores de bancos o instituciones que son coleccionistas de obras de arte... Al mismo tiempo, reducen al máximo los gastos, utilizando bombillas de bajo consumo o pasándose a la energía fotovoltaica.
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