Relatos cortos
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Exulansis (Dialogo)

Él habló con los ojos fijos en un punto concreto de la pared que tenía delante. — ¿Sabes? La primera vez que enseñaron a un chimpancé a hablar mintió. Le enseñaron el lenguaje de signos y lo primero que hizo con ello fue acusar a su cuidador de ser él quién se había cagado en la jaula — Sentado sobre la camilla de al lado con los pies colgando sin tocar el suelo. — No lo entiendo ¿Por qué iba a mentir un chimpancé? — Cuando ella negó con la cabeza los …
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Desorientado

Le dolían la cabeza, la espalda, las rodillas y algunas partes más de su cuerpo: demasiadas para enumeraras todas. Había intentado incorporarse, pero se había golpeado contra el techo. Después de aquello prefirió quedarse inmóvil, tratando de vencer las náuseas.  Llevaba despierto algún tiempo aunque no sabía exactamente cuánto. Podía ser una hora, o dos, o cinco, porque a ratos volvía sentirse atenazado por el sopor para hundirse en una vorágine de recuerdos y pesadillas en las …
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Zekesfehervar (ahora dicen que Székesfehérvár)

Es una historia lo que voy a contar, aunque no lo parezca. Es una historia, porque si digo que es una idea revestida de hechos, entonces nadie me creería. Y menos tú. No estamos para lirismos, ¿verdad?. De nada sirve ahora decir que a veces, al mediodía, atravesaba tus ojos el misterio de la noche. No estamos para gramáticas. Me da igual si es posible o no escribir la nostalgia en tiempo futuro. Leerás estas lineas como quien lee el prospecto de un jarabe y ya no estaré yo a tu lado para discutir tiempos verbales. Ahora ya …
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Libertad borrosa

Conocí hace un tiempo a una vagabunda que nunca pidió limosna. Nunca pidió nada, en realidad.  Iba siempre limpia y aseada y dormía en cualquier hostal. Comía en bares de carretera, o en restaurantes de lujo, o en un puesto de castañas: comía donde el hambre la encontraba. Cuando no tenía dinero se acercaba a la primera sucursal bancaria que encontraba y con sólo una llamada le entregaban la cantidad que pidiera. Decían que era rica y probablemente fuese cierto. Porque aunque a nuestra desidia …
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La máquina voladora - Ray Bradbury (Relato)

En el año 400 de la era cristiana, el emperador Yuan reinaba junto a la Gran Muralla China. La tierra estaba verde, gracias a la lluvia, y se aprontaba en paz para la cosecha. El pueblo que vivía en sus dominios no era demasiado feliz ni demasiado desgraciado. Por la mañana temprano, el primer día de la primera semana del segundo mes del nuevo año, el emperador Yuan estaba bebiendo té y abanicándose, a causa de la tibia brisa, cuando un sirviente corrió por los pisos de mosaico azul y escarlata gritando:
-Oh, emperador, emperador, ¡un milagro!
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El vestido de novia

Sacó del armario su viejo vestido de novia, envuelto en varias capaz de papel de periódico, para evitar que lo devorasen el polvo, la polilla y los bostezos. Se desnudó ante el espejo y se lo intentó poner de nuevo. Y entonces descubrió que para lo único que podía servirle ya su vestido de novia era para ahorcarse. -Algo es algo-pensó.
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Charcutería: lomo de ángel

Reunidos los dioses en el Walhalla, como era preceptivo según el riguroso turno establecido, iniciaron su banquete anual de puesta en común de sus divinos asuntos. Odín, como buen anfitrión, ofreció a sus compañeros un par de hermosos ciervos, servidos impecablemente por dos de sus amadas Walkyrias, y les habló de su decisión de abrir la mano en cuanto a los suyos, pues a partir de ese momento recibiría también en su seno a los que murieran con el subfusil en la mano: desde que la espada cayera en desuso, las …
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Un caso de ingenuidad

No es que necesitara el dinero ni que fuese un avaro incorregible. El problema de Roberto era que no sabía decir que no a las mujeres. Y a Clara menos. A Clara no se le podía negar nada, con aquellos ojos verdes capaces de alumbrar por sí solos un apagón del Bernabéu, y aquella sonrisa, tan equívoca, tan arcana, tan imborrable en la memoria como un sofisma griego. Sabía que era una imprudencia llevarla a casa. Una imprudencia y una locura, pero no supo negarse. Andrea no cogía el teléfono, pero eso no …
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El bandolero vocacional

—Eres más tonto que una mata de habas —gruñó Ramírez, cabo de la guardia civil, con nueve trienios y cuarenta y tantos pares botas gastados por los andurriales más rasposos de la muy noble, leal y asilvestrada 612 Comandancia. —Quiero ver a mi abogado —contestó el aludido, con la cabeza encajada entre los hombros. El cabo Ramírez, comandante de puesto por la gracia de Dios y porque ni Dios quería el puesto, llamó a gritos al guardia de puertas. —¡Cifuentes, venga para …
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Seroconversión

Cuando me doy cuenta de que necesito las pastillas me arrepiento de haber puesto la cama tan lejos de la cocina. Cuando la dificultad de llenarme el pecho de aire empieza a importar piensas en el arquitecto de la casa. Habitación, pasillo, salón, cocina. Así la diseño y por eso le maldigo. Giro mi cabeza y miro al pasillo. Al suelo de linóleo que imita a la madera. Lo pusimos después que Marcos nos insistiera que era lo más bonito y duradero del mundo. Ambos sabíamos que no aguantaría sin rayarse y echarse a perder. …
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Fermín, también

Este modesto texto lo escribí hace mucho tiempo, no es nada del otro mundo. Es de 2006. Mis disculpas. *** Como cada día, Fermín Gorza Antúnez se dirigía al trabajo, aburrido, cansado, y un poco desesperado. Era un desescritor. Asistido por una supuesta inteligencia mecánica, no, “inteligencia de aprendizaje rápido basada en texto computacional”. IARTC... que todo el mundo llamaba “Artic” moviendo letras aquí y allí. La broma sobre la palabra es que estaban en Islandia, en un …
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La leyenda equivocada (V)

Desde su oscuro rincón, ajado su rostro por los años y los diversos accidentes que los acompañan, también el espejo los contemplaba a ellos, maldiciendo al hechicero que le negó unos párpados que poder cerrar. Odiaba a la vela que le impedía ignorar aquel suplicio. La odiaba con toda su alma reconcentrada y oscura, como una vieja oquedad donde en un día perdido quedó atrapada el agua, imposibilitada de buscar una vía de escape. Odiaba la llama enhiesta, triunfante en su brillo, como odia el reo de muerte a la …
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La leyenda equivocada (IV)

Aunque nadie quedó libre de ella, la acumulación de nieve no causó a todos los mismos problemas; hubo incluso quien dio gracias al Cielo por aquel mullido manto, pues a su amparo no eran tan duras las piedras como de ordinario, ni tan insensato saltar desde una ventana para pasar a la casa de enfrente. Así lo hizo Adalberto, con las calles desiertas y la noche en pleno triunfo.  Tras largas marchas por los campos, comiendo el pan reseco de las alforjas o lo que se podía tomar de amigos y enemigos, cualquier cosa le parecía mejor que las …
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La leyenda equivocada (III)

El invierno de aquel año fue tan fiero que hasta la Navidad huyó a la vista de sus fauces. Cubierta la ciudad por una capa de nieve más allá de cualquier buena voluntad, tanto los fieles de la muy católica iglesia de San Bartolomé como los de la ortodoxa de San Nicolás, hubieron de quedarse en sus casas, en torno a la lumbre que cada cual podía mantener.  Aquellos días fueran una dura prueba para la convivencia de las familias, obligados sus miembros a permanecer juntos más tiempo del acostumbrado. Unos …
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La leyenda equivocada (II)

Fue en aquellos días cuando comenzaron a escucharse extrañas historias, murmuradas entre dientes en las interminables noches de las aldeas, o susurradas con miedo en las perdidas majadas de los pastores trashumantes. Los primeros lugares donde se oyó hablar de tales prodigios fue en los pequeños villorrios donde se detuvieron los hombres del conde Tepes de regreso a casa. Ni caballeros, ni soldados ni escuderos se hubiesen atrevido a despegar los labios de sospechar que sus palabras pudiesen llegar a oídos del conde, pero sin duda algunos aliviaron...
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La leyenda equivocada (I)

Hay quien piensa que en tiempo de guerra y de tormento se suspenden las vidas de los hombres, hasta que de nuevo impera al fin la paz y es posible regresar a las pequeñas alegrías y las navegables cuitas cotidianas. Hay quien cree que las batallas y las grandes hecatombes congelan los años y los alientos a la vez que hacen correr la sangre, y que los tiempos de tumulto y desolación pertenecen a otra cuenta diferente de los días y los siglos, ajena al cómputo somnoliento que rige el transcurrir de las existencias comunes. Pero …
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Comasueño (Relato corto.)

Este modesto texto lo escribí hace mucho tiempo, no es nada del otro mundo, porque aún andaba aprendiendo a aporrearteclas y con cómo contar historias. Es de 1998. Mis disculpas. *** María se había levantado como cada día sabiendo que le tocaba el mes de actividad. Y aunque no le gustaba volver a comadormir durante un año, aceptaba las reglas. Con resignación mezclada con ilusión por seguir despierta y trabajando en lo que era su especialización: “Terapeuta del Ocio”. Cada …
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Amigos. (Microrrelato.)

Juan nunca quiso salir a bailar a la pista de aquella discoteca, era torpe y desgarbado y sabía que todas las chicas se reirían de él. Lo que no sospechaba es que sus amigos, los que le jalearon para que bailara, también.  
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El panelador

Luis-2 Martínez-8 llegó a la lanzadera con muy pocas ganas de subir a la estación, al cubículo, como lo llamaban los veteranos. Se embutió en el maldito traje que le rozaba en los hombros, como ya había dicho veinte veces, dos con formulario oficial y tres con quejas por escrito al buzón del departamento. Departamento en general, porque parecía que no había ningún departamento que se encargara de fallos en los diseños de los trajes. El día que vinieron a tomarle medidas le recordó aquel...
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Por envidia

Marina llegó sin avisar, esas cosas pasan y le pasan a ella más que a nadie. Le dijo a Javier que tenían que hablar, como siempre que había algún pequeño lío, dramatizado como si fuera la caída del muro de Berlín. “Que a la niña la han llamado chinita de mierda en el colegio.” A Javier se le erizó la nuca, esta vez no era nada ligero ni poco grave. En ese momento recordó, sin venir a cuento, su divorcio y lo amigable que había sido todo, ni escándalos, ni quejas, ni jueces de …
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Microrrelato

Nadie me miraba cuando quería que me vieran. Todos me abrumaban cuando sólo pedía discreción. Los humanos que me han rodeado siempre han sido como pequeños granos en la piel. Una piel que tengo curtida, pero ellos no lo saben. Hoy se me ha estropeado el frigorífico. A nadie le importaba. Ni siquiera a los reparadores de frigoríficos. ¿Por qué? Porque no les importa tu frigorífico.
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Anorgasmia

La felicidad debe conquistarse con sudor, y el verdadero amor se demuestra llegando más allá de donde alcanzaría el auxilio de cualquier desconocido con ánimo altruista. En estos tiempos, en los que autores de toda índole se hinchan a hablar del vínculo afectivo del placer, no me queda más remedio que ser uno de los pocos numantinos que sostienen que la falta de placer también puede crear lazos, e incluso suponer un acicate. Confieso que mi manera de enfocar el asunto tiene mucho que ver con cierta misantropía: el placer …
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Diálogos con un extraterrestre (..)

-¿Entonces no tenéis guerras nunca, no habéis tenido guerras antes? -No. Cuando ha habido algún conflicto teórico sobre algún tema y no nos poníamos de acuerdo lo que hacíamos era que “lanzábamos hafgiu” y el resultado era lo que hacíamos. Ese proceso de lanzamiento hafgiu es un proceso matemático de azar. Nos encanta el azar. -¿Y conflictos con otras civilizaciones? ¿Habéis conocido a otras culturas? -Conocemos varios mundos habitados por …
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Diálogos con un extraterrestre (.)

-¿Cómo  puedes comunicarte conmigo estando tan lejos? -Ya me lo has preguntado antes pero te lo explico de nuevo. Hay cosas que aun no sabéis sobre la información, el pensamiento y un efecto gravitacional que supongo que pronto descubriréis.   -Pues dinos lo que es y así adelantamos. -No puedo. -¿Por lo de modificar nuestro avance natural? ¿No lo estás haciendo ya hablando conmigo, contándome que vives en un planeta en...? ¿Dónde era? -Lo que llamáis …
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Diálogos con un extraterrestre

-Nosotros no tenemos lo que llamáis propiedad privada, usamos esa palabra que tenéis, como se dice, “usufructo”. -Pero qué pasa con la herencia... con lo que has conseguido en tu vida trabajando o creando o invirtiendo... -No tenemos el concepto invertir, no lo entendemos... y herencia tampoco, te recuerdo que al llegar el omokunin, algo parecido a la mayoría de edad o una traducción más literal sería “poder caminar solo”, la prole se marcha voluntariamente del nido. Y ellos empiezan de cero cada …
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menéame