Frases y fragmentos de libros
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¿Cuánto mide la sala?

Un día, en un colegio, una maestra repartió una hoja de papel a cada alumno y les pidió que respondieran a la siguiente pregunta: ¿Cuál es la longitud exacta de la clase en la que estamos?

Los alumnos se sorprendieron al leer aquella pregunta tan extraña, pero todos comenzaron a hacer sus cálculos.

A los diez minutos la profesora recogió todos los papeles y comenzó a mirarlos.

La mayoría de alumnos habían escrito una cifra de entre 6 y 8 metros, algunos incluso lo habían acompañado con un “aproximadamente”.

-Bueno -dijo la maestra-, ninguno de vosotros ha contestado correctamente a la pregunta y eso que, en realidad, todos podríais haberlo hecho.

En este caso era fácil, la respuesta correcta era: no lo sé.

Cuento popular, “Cuentos para entender el mundo”

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Todo lo contrario

Veamos —dijo el profesor—. ¿Alguno de ustedes sabe qué es lo contrario de IN?

—OUT —respondió prestamente un alumno.

—No es obligatorio pensar en inglés. En Español, lo contrario de IN (como prefijo privativo, claro) suele ser la misma palabra, pero sin esa sílaba.

—Sí, ya sé: insensato y sensato, indócil y dócil, ¿no?

—Parcialmente correcto. No olvide, muchacho, que lo contrario del invierno no es el vierno sino el verano.

—No se burle, profesor.

—Vamos a ver. ¿Sería capaz de formar una frase, más o menos coherente, con palabras que, si son despojadas del prefijo IN, no confirman la ortodoxia gramatical?

—Probaré, profesor: “Aquel dividuo memorizó sus cógnitas, se sintió fulgente pero dómito, hizo ventario de las famias con que tanto lo habían cordiado, y aunque se resignó a mantenerse cólume, así y todo en las noches padecía de somnio, ya que le preocupaban la flación y su cremento.”

—Sulso pero pecable —admitió sin euforia el profesor.

Mario Benedetti.

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Todos tenemos grietas

Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaba a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la vasija rota sólo tenía la mitad del agua.

Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.

Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole:

«Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir”.

El aguador, apesadumbrado, le dijo compasivamente:

«Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.»

Así lo hizo la tinaja. Y en efecto vio muchas flores hermosas a lo largo del camino, pero de todos modos se sintió apenada porque al final, sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.

El aguador le dijo entonces:

«¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi Maestro. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.»

Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas agrietadas, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados.

Quien nos quiere, nos quiere como somos, querer a alguien implica quererlo como es, sin pretender cambiarlo, tal y como es, es perfecto.

Cuento Zen

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El mono juez

Un lobo denunciaba a una zorra con la acusación de robo; ésta decía que no tenía nada que ver con el asunto. Entonces el simio se sentó entre ellos en calidad de juez. Después de que uno y otro expusieran su causa, se dice que el simio pronunció esta sentencia: «Tú no pareces haber perdido lo que pides; en cuanto a ti, creo que has robado lo que alegremente niegas»

Esopo

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Mujica sobre Milei

Visto esta tarde en youtube: "la hiperinflación vuelve locos a los pueblos" "la republica de Weimar cayó por la hiperinflación y la consecuencia fue el ascenso de Hitler"

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La mujer perfecta

Mohamed conversaba con un amigo: —Entonces, ¿nunca pensaste en casarte? —Sí, pensé —respondió Mohamed—. En mi juventud resolví buscar a la mujer perfecta. Crucé el desierto, llegué a Damasco y conocí a una mujer muy espiritual y linda; pero ella no sabía nada de las cosas de este mundo. Continué viajando y fui a Isfahan; allí encontré a una mujer que conocía el reino de la materia y el del espíritu, pero no era bonita. Entonces, resolví ir hasta El Cairo, donde cené en la casa de una moza bonita, religiosa y conocedora de la realidad material. —¿Y por qué no te casaste con ella? —¡Ah, compañero mío! Lamentablemente ella también quería un hombre perfecto.

Cuento Sufí

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El puesto de jardinero (Cuento Chino)

Un rey había construido una gran casa con un precioso jardín y buscaba un jardinero que se pudiera ocupar de cuidarlo.

Como el trabajo iba a ser para varios años, quería contratar a un buen profesional, pero, sobre todo, quería que fuera una persona de confianza, por eso pensó en someter a una prueba a todos los que se presentaran al puesto.

Anunció que daría una semilla diferente a cada uno y que los citaría de nuevo pasados seis meses. Quien trajera la planta mejor cuidada sería la persona elegida.

Pasaron los seis meses y todos los candidatos desfilaban por el jardín con sus exuberantes y preciosas plantas. Todos excepto uno que había traído una maceta vacía, solo con la tierra, sin nada que brotara en su interior.

Al verlo, todos los demás se rieron de él, pues ni siquiera había conseguido que su semilla germinase.

El rey comenzó a observar y admirar cada una de las plantas que le enseñaban, a cada cual mejor: grandes, con mucho colorido, con preciosas hojas... hasta que llegó al jardinero que tenía la maceta vacía.

-¿Qué ha ocurrido aquí? -preguntó el rey.

-Verá, su majestad... -contestó avergonzado el jardinero-. Lo he intentado todo, le puse la mejor tierra y agua, la coloqué en diferentes lugares para que tuviera sol y también sombra... incluso le he cantado canciones, pero nada, no he sido capaz de hacer germinar la semilla.

-¿Y aun así has venido con la maceta vacía?

-Sí, aun a pesar de que sabía que todos los demás se iban a reír de mí, de que iba a pasar esta vergüenza, he venido, pues quería al menos explicarle que he hecho todo lo que estaba en mi mano.

-Está bien... -le dijo el rey mientras ya se iba a revisar el resto de plantas.

Cuando ya las había visto todas se subió a un pequeño escenario y desde allí se dirigió a todos los candidatos.

-Bueno, creo que ya tengo un ganador, ya sé quién cuidará de mi jardín a partir de ahora -y, señalando al candidato que había traído la maceta vacía, anunció-. Serás tú, el que no ha conseguido que su semilla germine.

En ese momento comenzó un pequeño revuelo entre todos los asistentes, muchos protestaban y se mostraban indignados ante una decisión que no entendían.

-Veréis, es cierto que necesito un buen jardinero, pero lo que más necesito es un trabajador honrado.

Me he quedado muy decepcionado al saber que ha sido el único que ha traído la maceta vacía, todos los demás me habéis engañado, pues las semillas que os entregué eran estériles.

Cuento popular chino.

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Por qué no podemos ser cristianos y menos aun católicos

“Si las matemáticas y la ciencia tomaran el lugar de la religión y la superstición en la escuela y en los medios, el mundo se convertiría en un lugar sensato y la vida sería más digna de ser vivida. Que cada uno aporte por lo tanto su contribución, grande o pequeña, de modo que suceda esto, para mayor gloria del Espíritu humano”.

Piergiorgio Odifreddi

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El lobo y la grulla

A un lobo se le clavó en la garganta el hueso que había devorado; vencido por el intenso dolor, empezó a tentar a unos y a otros con un premio, para que le extrajeran la causa de su mal. Finalmente, la grulla se dejó persuadir por sus juramentos y, confiando la longitud de su cuello a la garganta del lobo, le aplicó una terapia arriesgada para ella misma. Al [10] reclamar el premio pactado a cambio de ésta, el lobo dijo: «Eres ingrata; has sacado la cabeza intacta de mi boca y todavía reclamas la paga.»

Esopo

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La barra de hierro (Cuento Chino)

Un día, hace muchos años, tres niños iban cantando y riendo camino de la escuela. Como todas las mañanas atravesaron la plaza principal de la ciudad y en vez de seguir su ruta habitual, giraron por una oscura callejuela por la que nunca habían pasado.

De repente, algo llamó su atención; en uno de los portales, sentada sobre un escalón, vieron a una viejecita de moño blanco y espalda encorvada que frotaba sin descanso una barra de hierro contra una piedra.

Los niños, perplejos, se quedaron mirando cómo trabajaba. La barra era grande, más o menos del tamaño un paraguas, y no entendían con qué objetivo la restregaba sin parar en una piedra que parecía la rueda de un molino de agua.

Cuando ya no pudieron aguantar más la curiosidad, uno de ellos preguntó a la anciana:

– Disculpe, señora ¿podemos hacerle una pregunta?

La mujer levantó la mirada y asintió con la cabeza.

– ¿Para qué frota una barra de hierro contra una piedra?

La mujer, cansada y sudorosa por el esfuerzo, quiso saciar la curiosidad de los chavales. Respiró hondo y con una dulce sonrisa contestó:

– ¡Muy sencillo! Quiero pulirla hasta convertirla en una aguja de coser.

Los niños se quedaron unos momentos en silencio y acto seguido estallaron en carcajadas. Con muy poco respeto, empezaron a decirle:

– ¿Está loca? ¡Pero si la barra es gigantesca!

– ¿Reducir una barra de hierro macizo al tamaño de una aguja de coser? ¡Qué idea tan disparatada!

– ¡Eso es imposible, señora! ¡Por mucho que frote no lo va a conseguir!

A la anciana le molestó que los muchachos se burlaran de ella y su cara se llenó de tristeza.

– Reíros todo lo que queráis, pero os aseguro que algún día esta barra será una finísima aguja de coser. Y ahora iros al colegio, que es donde podréis aprender lo que es la constancia.

Lo dijo con tanto convencimiento que se quedaron sin palabras y bastante avergonzados. Con las mejillas coloradas como tomates, se alejaron sin decir ni pío.

Al llegar a la escuela se sentaron en sus pupitres y contaron la historia a su maestro y al resto de sus compañeros. El sabio profesor escuchó con mucha atención y levantando la voz, dijo a todos los alumnos:

El aula se llenó de murmullos porque nadie sabía a qué se refería. Finalmente, uno de los tres protagonistas levantó la mano y preguntó:

– ¿Y qué es eso que nos ha enseñado, señor profesor?

– Está muy claro: la importancia de ser constante en la vida, de trabajar por aquello que uno desea. Os garantizo que esa mujer, gracias a su tenacidad, conseguirá convertir la barra de hierro en una pequeña aguja para coser ¡Nada es imposible si uno se plantea un objetivo y se esfuerza por conseguirlo!

Los niños se quedaron pensando en estas palabras y preguntándose si el maestro estaría en lo cierto o simplemente se trataba de una absurda fantasía.

Por suerte, la respuesta no tardó en llegar; pocas semanas más tarde, de camino al cole, los tres chicos se encontraron de nuevo a la anciana en la oscura callejuela. Esta vez estaba cómodamente sentada en el escalón del viejo portal, muy sonriente, moviendo algo diminuto entre sus manos.

Corrieron para acercarse a ella y ¿sabéis qué hacía? ¡Dando forma al agujerito de la aguja por donde pasa el hilo!

Moraleja: En la vida hay que ser perseverantes. Si quieres conseguir algo, tómatelo en serio y no te vengas abajo por muy difícil que parezca. Todo esfuerzo, al final, tiene su recompensa.

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La pulsera (Cuento Chino)

Un joyero venía observando ya durante un tiempo, cómo una niña se detenía delante del escaparate de su establecimiento y se quedaba mirando una bonita pulsera de oro.

Así pasaron varias semanas hasta que, un día, la niña se decidió a entrar:

-¡Hola! -dijo la pequeña.

-¡Hola! -contestó educadamente el joyero-. ¿En qué puedo ayudarte?

-¿Me puede usted enseñar esa pulsera que hay en el escaparate, la dorada?

-Claro que sí -le respondió.

La niña la cogió y comenzaron a temblarle las manos mientras la acariciaba con sus dedos.

En ese momento el joyero pudo ver como unas lágrimas de emoción brotaban de sus ojos.

-Es que me gustaría regalársela a mi madre, pues hoy es su cumpleaños y me está ayudando mucho en mis estudios. Se pasa el día trabajando, y cuando llega cansada por la tarde se queda conmigo haciendo los deberes hasta que consigo entenderlos.

-Sí, seguro que le encantará, es preciosa -le contestó el joyero.

-¿Cuánto vale? -preguntó la niña.

-¿Cuánto tienes? -le respondió el hombre.

La niña sacó una pequeña bolsa repleta de monedas y las dejó sobre el mostrador.

-Es que he estado ahorrando durante muchos meses.

-Bien, veamos qué hay por aquí... -contestó el joyero mientras contaba el dinero- a ver... ¿no tienes nada más, pequeña?

-Bueno, sí, espere... -dijo mientras metía sus manos en los bolsillos y continuaba sacando varias monedas más, un pequeño billete arrugado, un anillo de plástico, un coletero rosa y dos caramelos de fresa.

-A ver... creo que sí, creo que con esto será suficiente -le respondió el joyero mientras recogía todo lo que la niña había dejado en el mostrador- ¿Quieres que te la envuelva para regalo?

-¡Sí, sí! -exclamó la niña ilusionada.

Tras unos minutos, el joyero le dio el paquete y la pequeña se llevó la joya.

A la mañana siguiente, la madre de la niña se presentó en el establecimiento con la pulsera en su estuche.

-Hola -saludó nada más entrar.

-Hola -le saludó también el joyero-, ¿en qué puedo ayudarle?

-Verá, es que ayer por la tarde, mi hija me regaló esta pulsera para mi cumpleaños y me dijo que la había comprado aquí.

-Sí, así es -contestó el joyero mientras la observaba-, yo mismo se la vendí.

-Pero... pero creo que debe haber un error porque... esta pulsera es de oro, ¿verdad?

-Sí, por supuesto, aquí solo vendemos productos de primera calidad.

-Entonces no lo entiendo, mi hija jamás podría pagar una joya así, no tiene tanto dinero, ¿cuánto le ha costado?

-Verá -le contestó seriamente el joyero-, en este establecimiento tenemos por costumbre mantener la confidencialidad de nuestros clientes, así que, sintiéndolo mucho, no puedo darle esa información.

-Pero... -protestó la madre.

-Lo que sí puedo decirle es que su hija pagó por esta pulsera el precio más alto que puede pagar una persona.

-¿Qué quiere decir? -contestó la madre preocupada.

-Su hija me dio todo lo que tenía.

Cuento popular

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Conspiraciones

"Es una narrativa simple. Tienes que tener un villano, que está escondido, haciendo todo su mal sin ser visto. Tienes a las víctimas, que son oprimidas y pobres y merecen nuestra simpatía. Y luego tienes al héroe que va a venir y desenmascarar al villano".

Dan Edelstein, profesor de francés e historia en la Universidad de Stanford.

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La carga

Un beduino viajaba, montado en un camello cargado de trigo. En el camino

encontró a un hombre que le hizo mil preguntas sobre su país y sus bienes.

Después le preguntó en qué consistía la carga de su camello.

El beduino mostró los dos sacos que colgaban a una y otra parte de la silla

de su montura:

"Este saco está lleno de trigo y este otro de arena."

El hombre preguntó:

"¿Hay alguna razón para cargar así tu camello con arena?"

El beduino:

"No. Es únicamente para equilibrar la carga."

El hombre dijo entonces:

"Hubiese sido preferible repartir el trigo entre los dos sacos. De ese modo,

la carga de tu camello habría sido menos pesada.

¡Tienes razón! exclamó el beduino, eres un hombre con una gran agudeza

de pensamiento. ¿Cómo es que vas así a pie? Monta en mi camello y dime:

siendo tan inteligente ¿no eres un sultán o un visir

?-No soy ni visir ni sultán, dijo el hombre. ¿No has visto mi vestimenta?"

El beduino insistió:

"¿Qué clase de comercio practicas? ¿Dónde está tu almacén? ¿Y tu casa

?-No tengo ni almacén ni casa, replicó el hombre.

-¿Cuántas vacas y camellos posees

?-¡Ni uno solo!

-Entonces ¿cuánto dinero tienes? Porque gozas de una inteligencia tal que

podría, como la alquimia, transformar el cobre en oro.

-Por mi honor, ni siquiera tengo un trozo de pan que comer. Voy con los

pies descalzos, vestido de harapos, en busca de un poco de comida. Todo lo que

sé, toda mi sabiduría y mi conocimiento, ¡todo eso no me trae más que dolores

de cabeza!"

El beduino le dijo entonces:

"¡Márchate! ¡Aléjate de mí para que la maldición que te persigue no recaiga

sobre mí! Déjame irme por ese lado y toma tú la otra dirección. Más vale

equilibrar el trigo con arena que ser tan sabio y tan desventurado. Mi idiotez es

sagrada para mí. ¡En mi corazón y en mi alma está la alegría de la certeza!"

Cuento sufí

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El culto a la ignorancia

En Estados Unidos se rinde culto a la ignorancia, y siempre ha sido así. El anti-intelectualismo ha sido una constante en nuestra vida política y cultural, alimentado por la falsa noción de que la democracia significa que "mi ignorancia es tan buena como tu conocimiento".

Cita de Isaac Asimov del artículo "El culto a la ignorancia" publicado en la revista Newsweek el 21 de enero de 1980.

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Dar y Perder la Vida (Relato macabro)

Hace muchos años, cuando trabajaba como voluntario en un hospital, conocí a una niñita llamada Liz, que sufría de una extraña enfermedad. 

Su única oportunidad de recuperarse era una transfusión de sangre de su hermano de 5 años, quien había sobrevivido a la misma enfermedad y había desarrollado los anticuerpos necesarios para combatirla.

El doctor explicó la situación al hermano de la niña, y le preguntó si estaría dispuesto a darle su sangre.

Yo lo vi dudar por un momento antes de tomar un gran suspiro y decir:

“Sí, lo haré si eso salva a Liz”.

Mientras la transfusión se hacía, él estaba acostado en una cama al lado de la de su hermana, muy sonriente, mientras nosotros los asistíamos y veíamos regresar el color a las mejillas de la niña.

De pronto, el pequeño se puso pálido y su sonrisa desapareció. Miró al doctor y le preguntó con voz temblorosa: 

“¿A qué hora empezaré a morir?”

No había comprendido al doctor: pensaba que tendría que darle toda su sangre a su hermana, y aun así había aceptado.

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Cita de Terry Pratchet

“A los dioses no les gusta que las personas no trabajen mucho. Las personas que no están ocupadas continuamente pueden empezar a pensar.”

Terry Pratchet

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Cita de Michel Onfray

En nombre de qué, de quién, podemos asumir el deber de amar al prójimo si es abominable? ¿Qué se puede alegar para convencer a la víctima de amar a su verdugo? ¿Que es una criatura de Dios, como yo, y las vías del Señor que lo conducen a hacer el mal son inescrutables? Eso vale para los que se consagran a las pamplinas cristianas, pero, ¿y para los demás, los que viven inmunes a esas fábulas? ¿Qué extraña perversión podría, pues, conducir a este mandato inaudito: amar al autor del suplicio que nos destruye? Auschwitz muestra los límites de esta ética: interesante en el papel, pero inútil para la vida.“

Michel Onfray

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Pensamiento creativo

Estás conduciendo tu coche en una noche de tormenta terrible. Pasas por una parada de autobús donde se encuentran tres personas esperando:

 

1. Una anciana que parece a punto de morir.

2. Un viejo amigo que te salvó la vida una vez.

3. El hombre perfecto o la mujer de tus sueños.

 

¿A cuál llevarías en el coche, teniendo en cuenta que sólo tienes sitio para un pasajero?

 

Este es un dilema ético-moral que una vez se utilizó en una entrevista de trabajo.

Podrías llevar a la anciana, porque va a morir y por lo tanto deberías salvarla primero; o podrías llevar al amigo, ya que él te salvó la vida una vez y estas en deuda con él.

Sin embargo, tal vez nunca vuelvas a encontrar al amante perfecto de tus sueños.

El aspirante que fue contratado (de entre 200 aspirantes) no dudó al dar su respuesta.

Me encanta, y espero poder utilizarlo alguna vez en alguna entrevista.

¿Qué dijo?

Simplemente contestó: "Le daría las llaves del coche a mi amigo, y le pediría que llevara a la anciana al hospital, mientras yo me quedaría esperando el autobús con la mujer de mis sueños."

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El hombre poderoso (Cuento)

Un hombre que se hacía llamar a sí mismo “El Todopoderoso”, avanzaba con un gran ejercito destrozando y conquistando todas las ciudades que encontraba a su paso.

Cuando llegaba a una nueva población, no tenía piedad y derrumbaba las casas, haciendo huir a sus habitantes y robando todo lo valioso.

Pero un día llegó a una pequeña aldea en la que solo encontró a diez monjes meditando al aire libre. Lo extraño es que ninguno de ellos huyó, todos permanecieron en silencio observando cómo aquellos hombres derruían sus pequeñas casas.

“El Todopoderoso”, al darse cuenta de que su ejército no asustaba a los monjes, se dirigió al que parecía el líder.

-¡Insensato! -le gritó- ¿Qué haces aún aquí?¿No ves que tengo el poder de hacer con vosotros lo que quiera? ¿Por qué no huís?

-En realidad no veo nada en ti que te haga tan poderoso -contestó el monje.

-¡Esa insolencia te va a costar la vida! ¡Ahora verás lo poderoso que soy! -contestó el guerrero mientras desenvainaba su espada.

-De acuerdo, pero déjame pedirte una última cosa antes de que acabes con mi vida.

-¡Dime!

-¿Podrías darme una de las ramas de este árbol que me hace sombra?

El guerrero alzó su espada y, de un golpe, rompió una de las ramas. Esta cayó al suelo, justo al lado del monje.

-Ahí la tienes, ¿algo más?

-Bueno sí, una última cosa, ¿podrías dejar la rama en el mismo lugar en el que estaba?

-¿Qué? -contestó riendo el general- ¡Te has vuelto loco, eso es imposible!

-Ah, entonces no eres tan poderoso. Lo que tú haces: destrozar, eso lo puede hacer cualquiera, incluso un niño pequeño sabe destrozar las cosas, en cambio para poder crear algo hay que tener mucho poder.

Cuento Zen

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50 verdades de Charles Bukowski

El amor se quema con el primer sol de la realidad y otras 49 reflexiones del gran escritor Charles Bukowski.
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"Los desposeídos"

“Un científico puede afirmar que su obra no es él mismo, que es pura y simplemente la verdad impersonal. Un artista no puede esconderse detrás de la verdad. No puede esconderse en ninguna parte.”

Ursula K. Le Guin

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Perlas ateas

“Fe significa no querer saber qué es verdad.”

Friedrich Nietzsche

“La religión es considerada por la gente común como verdadera, por los sabios como falsa, y por los gobernantes como útil.”

Séneca

“La creencia en lo sobrenatural refleja el fracaso de la imaginación.”

Edward Abbey

“Sigo diciendo que el que una iglesia tenga un pararrayos en el tejado, demuestra una falta de confianza e hipocresía mas allá de lo imaginable.”

Doug McLeod

“El mundo tiene dos clases de hombres - hombres inteligentes sin religión y hombres religiosos sin inteligencia.”

Abu'l-Ala al Ma'arri

“Desconfió de aquellas personas que saben muy bien lo que Dios quiere que ellos hagan, porque me doy cuenta que siempre coincide con sus propios deseos.”

Susan B. Anthony

“Todo lo que se puede afirmar sin pruebas, se puede rechazar sin pruebas.”

Christopher Hitchens

“Dios debería ser ejecutado por crímenes contra la humanidad.”

Bryan Emmanuel Gutiérrez

“Si resulta que hay un Dios, no creo que sea malo. Pero lo peor que se puede decir sobre él es que básicamente es un despreocupado.”

Woody Allen

“Los personajes y los acontecimientos descritos en la Biblia son ficticios. Cualquier semejanza con personas reales, vivas o muertas, es pura coincidencia. “

Penn y Teller

“El existencialismo no es una forma de ateísmo, más bien dice que, aunque dios existiera, nada cambiaría. “

Jean Paul Sartre

"Negar a Dios será la única forma de salvar el mundo. "

Friedrich Nietzsche

"La decisión cristiana de considerar que el mundo es feo y malo ha hecho al mundo feo y malo."

Friedrich Nietzsche

"La diferencia entre dios y yo es que yo existo."

Friedrich Nietzche

"La teología nunca ha sido de gran ayuda, es como buscar, a medianoche y en un sótano oscuro, a un gato negro que no está ahí".

Robert A. Heinlein

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Disfruta tu café

Un grupo de profesionales, todos triunfadores en sus respectivas carreras, se juntó para visitar a su antiguo profesor.

Pronto la reunión se enfoco acerca del interminable estrés que les producía el trabajo y la vida en general.

El profesor les ofreció café, fue a la cocina y pronto regresó con una cafetera grande y una selección de tazas de lo más selecta: de porcelana, plástico, vidrio, cristal…, unas sencillas y baratas, otras decoradas, unas caras y otras realmente exquisitas. 

Tranquilamente les dijo que escogieran una taza y se sirvieran un poco del café recién preparado.

Cuando lo hicieron, el viejo maestro se aclaró la garganta y con mucha calma y paciencia se dirigió al grupo: 

-Se habrán dado cuenta de que todas las tazas que lucían bonitas, se terminaron primero y quedaron pocas de las más sencillas y baratas; lo que es natural, ya que cada quien prefiere lo mejor para sí mismo, ésa es realmente la causa de muchos de sus problemas relativos al “Stress”.

Continuó:

-Les aseguro que la taza no le añadió calidad al café, en verdad la taza solamente disfraza o reviste lo que bebemos.

Lo que ustedes querían era el café, no la taza, pero instintivamente buscaron las mejores, después se pusieron a mirar las tazas de los demás.

Ahora piensen en esto: La vida es el café, los trabajos, el dinero, la posición social, etc. son sólo tazas que le dan forma y soporte a la vida, y el tipo de taza que tengamos no define ni cambia realmente la calidad de vida que llevemos.

A menudo, por concentrarnos sólo en la taza dejamos de disfrutar el café.

Anónimo

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El gato del gurú

Cuando, por las tardes, el gurú se sentaba para las prácticas del culto, siempre andaba por ahí el gato del ashram distrayendo a los fieles. De manera que ordenó que ataran al gato durante el culto de la tarde.

Mucho tiempo después de haber muerto el gurú, seguían atando al gato durante el referido culto. Y cuando el gato murió, llevaron otro para atarlo durante el culto vespertino.

Siglos más tarde, los discípulos del gurú escribieron doctos tratados acerca del importante papel que desempeña el gato en la realización de un culto como es debido.

Cuento sufí

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La balanza y la escoba

Un día, un hombre fue a la joyería y dijo al joyero: -Quisiera pesar este oro. Préstame tu balanza. El joyero respondió: -¡Lo siento de veras, pero no tengo pala! -¡No, no! -dijo el hombre-, ¡yo te pido tu balanza! El joyero le dijo: -¡No hay escoba en este almacén! -¿Estás sordo? -dijo el hombre- ¡Te pido una balanza! El joyero nuevamente respondió:

-He oído muy bien. No estoy sordo. No creo que mis palabras estén desprovistas de sentido. Veo bien que careces de experiencia y que, al pesar tu oro, vas a dejar caer algunas partículas al suelo. Entonces me dirás:

"¿Puedes prestarme una escoba para que pueda recuperar mi oro?"

¡Y cuando lo hayas barrido, me preguntarás si tengo una pala! Yo veo el fin desde el principio. ¡Recurre a algún otro!"

Cuento sufí.

Yalāl ad-Dīn Muhammad Rūmī - Mathnawi”

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