En 2003, la NASA tomó la prudente decisión de finalizar la enormemente exitosa misión Galileo utilizando las últimas gotas de combustible para lanzarla a gran velocidad hacia el gigante gaseoso. Al hacerlo, se aseguraban de que la sonda se quemaría durante la re-entrada, dispersando y quemando todos los contaminantes (tales como bacterias terrestres y el radiactivo combustible de plutonio-238 que llevaba a bordo). La mayor preocupación en cuanto a dejar a Galileo en una órbita muerta era que si el control de la misión perdiera contacto...
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