Los esfuerzos de Wilson, el repartidor de Glovo que te trajo la hamburguesa cuatro quesos que pediste para cenar el pasado nueve de enero, en plena nevada en Madrid, y que resbaló con la bicicleta por culpa del hielo, torciéndose un tobillo, merecieron la pena. Aunque no le diste propina, su trabajo fue premiado ayer con un Glovo de Oro en la ceremonia anual que celebra la compañía.
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