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Entrevista exclusiva a una ladrona de semen en Menéame

Cuando llegamos al hotel de carretera, Antonia [Usamos un nombre ficticio a petición suya] nos espera en su habitación, con la cara oculta y también nos pide por favor que no hagamos muchas fotos porque en su negocio es crucial el anonimato.

MNM: ¿Cuál es el motivo de encontrarnos aquí y no en un lugar público?

Antonia: Si te digo la verdad tengo miedo de que alguien me reconozca, no por las represalias, sino porque se podría correr la voz [Se le escapa una risilla] y afectar a mi modo de ganarme la vida.

MNM: ¿Siempre te has dedicado a esto?

Antonia: No, que va, yo antes era directora comercial de una firma multinacional, estaba casada y hasta pensaba en tener hijos, pero unas amigas me convencieron para asistir a la manifestación del 8M, y me abrió mucho los ojos, así que decidí dar un giro radical a mi vida.

Esto es en parte una labor social, es como las vacas, que si nadie las ordeña, sufren, o como lo de los toros que si no los torean se extinguen.

MNM: Pero ¿Por qué ladrona de semen?

Antonia: Bueno, es un mercado virgen [Se le escapa otra risilla y me hace un gesto con la mano como indicando "¿Lo pillas?"]. No te imaginas la cantidad de hombres que hay en España que no le dan salida a su producto. Esto es en parte una labor social, es como las vacas, que si nadie las ordeña, sufren, o como lo de los toros que si no los torean se extinguen.

...les espero ya con los guantes y la probeta preparada porque alguno me ha puesto las cortinas perdidas nada más abrirle la puerta de casa.

MNM: Sigo sin imaginar como alguien da un giro tan radical a su vida... Los comienzos siempre son difíciles ¿No?

Antonia: Sí, bueno, al principio acechaba a camioneros en las áreas de servicio, pero me daban muy poco rendimiento, todo el día sentados, las glándulas se atrofian, tardaba casi dos días en llenar un bidón. Pero luego, navegando por foros de internet, encontré muchos hombres que tenían problemas para relacionarse y eran fáciles de persuadir. La mayoría no llegaban ni a bajarse los pantalones a tiempo. Tanto es así que ahora les espero ya con los guantes y la probeta preparada porque alguno me ha puesto las cortinas perdidas nada más abrirle la puerta de casa.

MNM: ¿Quieres decir que has robado también a meneantes? ¿Alguien conocido?

Antonia: No te puedo dar nombres porque son muchos y está prohibido hacer listas. Si me meten un strike me joden el mes y yo tengo cuotas que cumplir, ante todo hay que ser profesional.

MNM: Bueno, hay algo que seguramente nuestros lectores querrán saber ¿Qué tipo de industria usa una materia prima tan poco habitual?

Antonia: Te sorprenderías de la cantidad de usos que se le puede dar. Primero hay que olvidar prejuicios, el producto se pasteuriza para acabar con cualquier tipo de germen y luego se liofiliza para conservarlo en perfectas condiciones. Es seguro, apto para el consumo y muy versátil.

Uno de los usos más comunes es para espesar polímeros en la fabricación del pegamento con el que se cierran los sobres, seguro que ese saborcillo amargo a mucha gente le resulta familiar.

Es gracioso porque, por ejemplo cuando hay elecciones y salen ciertos políticos diciendo a sus votantes que se aseguren de cerrar bien el sobre con la papeleta para asegurarse de que no haya fraude, me parto el culo de pensar si supieran lo que están chupando.

MNM: Por suerte yo los sobres los cierro humedeciéndome los dedos con agua...

Antonia: ¿La Cruzcampo la has probado no?

MNM: ¿Cómo?

Antonia: Que es muy versátil, créeme, al principio lo hacía por hobby, pero ahora ya sólo me dedico a esto y me saco un sueldazo, hasta me he comprado un Ferrari.

Se nos quedan muchas preguntas en el tintero, consideraciones morales y dudas que nos habría gustado plantearle, pero Antonia nos hace un gesto señalando al reloj y nos advierte que nos tenemos que ir, se ha citado con unos meneantes, "Hay que rentabilizar la habitación, que no me habéis pagado nada por la entrevista", nos recrimina medio en serio, medio en broma.

Se despide efusivamente, abraza a todos, incluso al fotógrafo y al conductor del taxi que acaba de llegar a recogernos. Uno por uno durante casi treinta segundos, mostrando un lado humano que durante la entrevista no habíamos sido capaces de vislumbrar.

Ya en el taxi de camino a casa de repente siento un vacío, como si me hubiera dejado parte de mí en aquella habitación de hotel. Un sudor frío me recorre la espalda, marco atropelladamente un número de teléfono en mi móvil, me muerdo nerviosamente las uñas mientras suena el tono de llamada:

-¿Sí?

-Antonia, por favor, dime que el grupo de meneantes con el que te habías citado no éramos nosotros...

-¿Pensabais que os iba a dar la entrevista gratis? ¿Como si fuera un pregúntame? ¡Yo vivo de esto!

-¿Pero cómo? Si no he notado nada.

-A ver si te crees que eres el primero, y no te quejes tanto que no me ha dado ni para llenar un dedal.

-Mira, me cago tu p... [Bip Bip Bip]

Me cuelga el teléfono intento volver a llamarla, pero está apagado.

Me invade una sensación de rabia e impotencia, ahora ya sé lo que sienten la mayoría de los meneantes.