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Coronavirus, miedo al copieteo y universidad: una combinación destructiva para el estudiante

Cuando se suspendieron las clases, allá por la semana del 12 de marzo, lo primero que se nos comunicó a los profesores de la Universidad de Murcia es que debíamos mantener el contacto con los estudiantes y continuar impartiéndoles docencia. Para ello, se nos ofrecían las aplicaciones del aula virtual, tales como videoconferencias en directo, grabado de clases o subida de apuntes escritos.

Hubo profesores que se limitaron a subir los apuntes en word, otros montaron videoconferencias y yo, como no sabía grabar las videoconferencias para que quedasen en vídeo y los alumnos pudiesen consultarlas cuando quisieran, me abrí un canal de youtube y grabé las clases allí www.youtube.com/playlist?list=PLObUsEh5UCu2QrU91hW0X7jwZP9YYmofC

Respecto al contacto con el alumnado para resolver dudas, tampoco hubo mayor problema gracias a los correos electrónicos (y en mi caso whatsapp, ya que les pasé mi teléfono profesional).

El problema vino con el sistema de evaluación, dado que no puede ser presencial debido a la pandemia. Nos dieron básicamente 3 opciones: oral por videoconferencia, tipo test y preguntas de desarrollo, todos ellos a través del aula virtual. El único sistema donde puedes verle la cara al alumno es el oral, pues en los otros dos toda la clase realiza el examen simultáneamente y es imposible tener 120 ventanas con las caras de cada alumno abiertas. Y, en el caso del oral, tampoco tienes la certeza de que detrás de la webcam haya alguien chivándole las cosas, o que tenga los apuntes entre las piernas, o que se los haya pegado en la pared que tiene frente a sí...

Todo ello provocó una paranoia entre gran parte del profesorado, que temía un copieteo masivo, sobre todo en carreras como la de Derecho, donde el elemento memorístico es muy importante y quien tiene los apuntes a mano puede aprobar con bastante facilidad salvo que el profesor ponga las preguntas con la máxima mala leche. La consecuencia fue un endurecimiento brutal en las condiciones de realización de muchos exámenes (sobre todo tests). Por ejemplo, dejar sólo 50 segundos por pregunta, quitar 1 pregunta correcta por cada incorrecta, no permitir que el alumno vuelva atrás para corregir las preguntas equivocadas y, además, sustituir las preguntas de test eminentemente memorísticas que muchos profesores usaban por preguntas de razonamiento...en suma, el test más difícil que se puede imaginar.

A lo anterior se suma el riesgo tecnológico. El alumno debe realizar el test (o cualquier otra modalidad de examen) a la hora convenida. Imaginemos que el ordenador se le cuelga (pues muchos estudiantes tienen un internet pésimo en casa o directamente han tenido que pedir pinchos a la universidad porque no tenían internet). Imaginemos que no se cuelga pero, viendo que le va mal, el alumno apaga el router y dice que se le colgó ¿Se le debe volver a examinar con unas preguntas distintas? ¿Cuándo, si el periodo de exámenes es exiguo y plagado de asignaturas? ¿Cómo se comprobará que no miente y que realmente el pc se le colgó?

Había alumnos que soñaban con el aprobado general, pero la situación les ha llevado a examinarse en las condiciones de inseguridad y dificultad más elevadas que podían imaginarse. No sé en otras carreras, pero en Derecho lo más razonable habría sido el examen presencial oral, con grupos reducidos aunque ello implicara que el profesor tuviese que tirarse 2 días enteros por la mañana y la tarde en un aula examinando a sus 100 alumnos uno por uno.

Desde mi punto de vista, era la única forma garantista de evaluar al alumnado. Con el examen online, vamos a tener ejercicios inconcebiblemente difíciles en un contexto donde estoy seguro de que el 99% de los alumnos van a acceder a los apuntes mientras se examinan (aunque no creo que les sirvan de mucho en esa tesitura) y un riesgo de accidentes informáticos (fortuitos o provocados) que pueden dejar a mucha gente a mitad de examen. Reconozco que la situación es extraordinaria y sumamente complicada, pero creo que la solución dada no es la adecuada. Con los orales presenciales los alumnos podrían haberse examinado con un riesgo para su salud tremendamente limitado (pues en el aula sólo tiene que haber un alumno y el profesor) y con plenas garantías de limpieza y factibilidad del examen.