Mientras el papa abandonaba el capitolio el congresista demócrata por Pensilvania Bob Brady se acercó al estrado para robar el vaso que había utilizado el Papa. Bradley cogió el vaso, todavía medio lleno, y lo llevó a su despacho para que él, su esposa, su madre y sus colaboradores bebieran sorbitos del agua del Santo Padre, guardando el resto en una botella para bendecir a sus nietos. "Cualquier cosa que toca el papa es bendita" dijo Brady, que piensa pagar el vaso y someterlo a un análisis forense para autentificar las huellas del Papa.
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