Chernobyl está en reposo y cuando una pregunta o un recuerdo lo activa, entonces sí, aparece un relato triste, una anécdota desgarradora o palabras amorosas para alguien que ya no está. O una protesta, un deseo de justicia, una esperanza. Pero para el extranjero, estar en la planta de Chernobyl no deja de ser una tormenta de emociones que van de la angustia al temor y de la incredulidad a la sorpresa.
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