La fuerza de las historias de Hanselmann reside en su realismo brutal. No hay concesiones, no hay filtros Instagram ni edulcorantes narrativos. En su mundo, los personajes fracasan estrepitosamente y, aun así, persisten. Pero no se trata de un canto a la resiliencia heroica, sino de una representación del estancamiento, de la rutina de autodestrucción en la que muchos encuentran refugio.
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