Dos niños patinaban en un lago helado cuando de pronto el hielo se abrió y uno de los niños cayó al agua.
La corriente le arrastró un poco más adelante y el niño no podía salir. Estaba atrapado bajo la capa de hielo.
Su compañero comenzó a gritar pidiendo auxilio, pero no había nadie cerca. Se dio cuenta de que lo único que podía salvar a su amigo era abrir un agujero en el hielo. Así que buscó una piedra y comenzó a golpear el hielo con todas sus fuerzas. Una y otra vez, sin parar. Hasta que de pronto el hielo se rompió y pudo ofrecer su mano para que el otro niño se agarrara. Así, de esta forma, pudo salvar a su amigo.
Cuando llegaron al pueblo y contaron a todos lo que acababa de suceder, ninguno podía creer su historia.
– ¿Cómo un niño tan pequeño como tú ha podido romper una capa de hielo tan gruesa? ¡Eso es imposible!
– Eso, eso- decía otro-, ¿cómo pudiste hacerlo?
Entonces, un anciano se acercó y dijo:
– Yo sí sé cómo pudo hacerlo.
Todos le miraron con atención. Entonces, el anciano añadió:
– Porque no había nadie cerca para decirle que no podía hacerlo.