En los años ochenta y noventa, los ordenadores personales solían tener un color beige predominante, una elección de diseño que aún hoy genera interrogantes. Aunque hay varias teorías, incluyendo normativas laborales de Alemania que exigían colores claros en equipos de oficina, la decisión real detrás de este tono sigue siendo un misterio. Además, se sugiere que el beige era una opción económica y práctica para disimular suciedad y polvo, manteniendo una apariencia neutral y calmada en los entornos laborales.
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