En una conversación corta con Íñigo Errejón -intercambiábamos opiniones sobre la encrucijada andaluza-, se nos coló la idea de los procesos destituyentes. Íñigo es un tipo afable, amable, da gusto conversar con él; a esas virtudes añade la de una solidez intelectual y política muy poco al uso. Es de agradecer su frescura.
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