La gasolina con plomo era segura. Su inventor estaba seguro de ello. Encarando a escépticos reporteros en una conferencia de prensa, Thomas Midgley sacó con mucho teatro un contenedor de tetraetilo de plomo -el aditivo en cuestión- y procedió a lavarse las manos con él. "No me estoy arriesgando a que me ocurra nada malo", declaró. "Ni me estaría arriesgando si lo hiciera a diario". Midgley no estaba siendo muy sincero.
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