Las familias y las comunidades tallaban cortes profundos en los niños, generalmente en ambas mejillas o en la frente, principalmente como una marca de identidad. Las marcas también contenían historias de dolor, reencarnaciones y belleza. Esta práctica, sin embargo, se ha ido desvaneciendo desde que una ley federal prohibió todas las formas de mutilación infantil en 2003.
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