Eran las dos de la mañana de ayer cuando un camión de LIPASAM que iba por la calle Puñonrostro machacaba la barrera del sonido de forma apocalíptica; y no por velocidad, sino por ruido, por puro estrépito, un alboroto sobrenatural . Un camión de la limpieza, de esos que llevan cepillos dando vueltas y que nadie sabe cómo se llaman, más todo su cortejo de operarios armados con sopladores importados directamente del infierno, no podía armar más escándalo en la noche sevillana. (Lipasam es la empresa municipal de limpieza de Sevilla)
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