Vergüenza

Ante todo este artículo va de vergüenza, no de repudio, rechazo o desprecio ante acciones delictivas como la corrupción o la prevaricación de una persona o de un partido político.

Vergüenza es cuando alguien roba dinero público y que nadie de los demás integrantes de su partido lo denuncie. Tampoco se dignan, al menos, en pedir que devuelva lo robado.

Vergüenza es un partido al que no le importe que se repitan elecciones, como las generales por ejemplo, con un gasto de 140 millones de euros, sin respetar lo votado por el pueblo.

Vergüenza cuando los partidos anuncian leyes mediáticas sin consenso para ganar votos, con una sanidad pública abandonada durante 40 años, que tiene por ejemplo, a los enfermos de la talidomida sin respuestas, o una educación pública desprovista de recursos humanos y materiales.

Vergüenza es que tengamos a una clase política que no está en proporción en cuanto a formación, trabajo y sueldos con profesores, médicos o bomberos.

Vergüenza es que el partido que surgió para acabar con la casta política y todos los problemas reales termine con sus líderes con un chalet en Madrid, luchando según ellos por las clases humildes y trabajadoras.

Vergüenza es que Pablo Iglesias cuando habló con Puigdemont terminara expresándose como un independentista más: Cataluña y España son dos realidades separadas, hablando de presos políticos y de exiliados en vez de imputados por la justicia. Y todo para defender los privilegios de un territorio liderado por líderes burgueses.

Vergüenza es la televisión de este país, sobre todo las públicas, que se hayan convertido en un chiringuito para los políticos de turno, que terminarán con ellas como las cajas de ahorro, cerrándolas por tanto sinvergüenza. Y por otro lado con un duopolio de Mediaset y Atresmedia, con una programación cutre y muy poco original.

Vergüenza es un presidente que se contradice una y otra vez respecto a lo que decía en la oposición, que tenga miedo a convocar elecciones, que mintió cuando decía que su tesis era pública, y que pacte con los que quieren romper España, para asegurarse, parece ser, de esa manera, el seguir en la Moncloa.

Vergüenza es que la izquierda se haya refugiado en las lágrimas, en el miedo y en el insulto fácil porque no sabe reconocer sus carencias y errores para llevar un proyecto político práctico y realista, que sea una alternativa a todos esos partidos ya sean tradicionalistas o secesionistas que les ganan las elecciones por la derecha o por la izquierda.

Vergüenza son los que dicen sentirse patriotas cuando separan a los españoles entre buenos y malos según lo que pienses o lo que votes, que renieguen de sus símbolos, que no vayan a los actos oficiales cuando representa a tantos españoles y que hablen despectivamente del régimen del 78 cuando es el que más estabilidad, libertad y progreso nos ha dado en toda la historia de España.

Vergüenza son los que defienden y celebran los regimenes comunistas o fascistas como si fueran democracias y estados de derecho cuando son todo lo contrario. Que celebren los cumpleaños o recuerden los fallecimientos de los dictadores tanto de izquierda como de derecha.

Vergüenza es que los partidos políticos hayan creado políticos profesiones que fuera de lo público no tienen preparación ni experiencia para el mundo laboral, teniendo como único recurso seguir viviendo de las instituciones públicas lo máximo que se pueda. Solo hay que echarle un vistazo al senado.

Vergüenza en definitiva es tratar a los ciudadanos como si no tuvieran medios de información, criterio propio o experiencia vital.