Elige: ¿optimista imbécil o pesimista enfermo?

La idea de la muerte (y del olvido personal) se basa en un hecho firme: ya estuvimos muertos antes de nacer y sin duda volveremos a estarlo. Y este hecho (la muerte del individuo) lo produce mecánicamente el despedazamiento de la estructura física del órgano biológico que llamamos cerebro. Por otra parte; el amor, la pasión, y demás ideas románticas y optimistas, son únicamente fruto de la actividad eléctrica de ese mismo cerebro (propuesto a ser destrozado más pronto que tarde); ¡pero hay que remarcar que este romanticismo no descansa sobre hechos físicos!

Repitámoslo: estas ideas optimistas son GENERADAS INTERNAMENTE (de manera inconsciente en muchas ocasiones) por nuestro cerebro para hacernos actuar (obligarnos a actuar) bajo fines evolutivos: es decir, que son propuestas grabadas ad hoc y que tienen como fin que el soma desechable que equipa el susodicho cerebro en cuestión desarrolle eficientemente su tarea vital de aumento entrópico (a pesar de que esta tarea sea subjetivamente inútil y del reconocimiento consciente de que vamos a desaparecer en cuestión de décadas una vez hayamos consumido toda la energía posible; que por cierto es lo único que le "interesa" al Universo y sus leyes).

Por otra parte el pesimismo como tal ciertamente es otro ideal, pero se basa en un hecho físico que no admite discusión: nuestro concepto del Yo (ser consciente) se esfumará de la realidad en cuanto nuestra estructura cerebral se destruya (lo mismo que no existía antes del nacimiento); una destrucción que ocurrirá en muy poco tiempo: cosmológicamente hablando la vida y las acciones de un individuo no suponen nada, menos que un breve pestañeo. Para más inri, poco después de nuestra muerte todo rastro de nuestro paso por la existencia también será borrado (termodinámica mediante) conforme nuestros seres queridos y nuestras obras vayan también cayendo bajo el yugo de la segunda ley (el paso del tiempo).

En resumen:

Que la pasión, el amor a la vida y demás propuestas optimistas son ideas internas provocadas y promovidas dentro de nuestro cerebro de mono venido a más, el cual tuvo que recibir evolutivamente un apoyo cerebral ad hoc en forma de sesgo (racional) hacia una visión optimista y mágico-religiosa de la realidad. Y estos sesgos, en forma de ideales no correspondidos por la realidad externa, sirven por tanto SIEMPRE en pos del proceso evolutivo: ¡hay que ser feliz aunque estemos de mierda hasta el cuello! ¡Continúa con el (subjetivamente inútil) ciclo vital con fuerza vehemencia y pasión! ¡Actúa como si tus actos importasen para algo! Es decir, piensa lo que quieras siempre y cuando el mandamiento evolutivo de consumo energético y aumento entrópico se mantenga constantemente en el máximo posible dadas las circunstancias. Al mundo se la suda si los humanos son más o menos felices mientras giren en la rueda; resulta que simplemente es evolutivamente más estable un asno ilusamente feliz que un asno realista y amargado.

Porque el pensamiento pesimista se basa en hechos reales y tangibles pero NO es evolutivamente estable (no es afín al principio básico de la Naturaleza: devorar gradientes al mayor ritmo posible). Y esto implica que el pesimista sea un bicho muy raro y marginal dentro de la población. El optimista y el romántico, por contra, aún basando sus ideas en premisas no correspondidas con la realidad (a veces ideas ridículas como las de la trinidad, el hombre hecho a semejanza de Dios, el Bien común, etc.), poseen el don de remar a favor del objetivo termodinámico y por tanto el mundo sesga espontáneamente cerebros con tendencia a pensar de este modo (normalmente ridículo). Son las personas optimistas, románticas, religiosas y crédulas en general las más estables evolutivamente hablando, y su (apabullante mayor) descendencia heredaron (y heredan) esta tendencia durante millones de años hasta nuestros días.

El pesimista es un realista ("enfermo" carente del sesgo optimista) que nada agobiado en la mierda justo hasta caer rendido en el olvido (y el suicidio no es una alternativa aunque lo parezca); mientras que el optimista es un iluso que nada en la mierda pensando como un imbécil que flota en un océano cristalino, hasta que la realidad lo saca de su ensoñación en los últimos segundos de vida, breve instante en el que por fin ven aterrorizados la mierda a su alrededor.

De cualquier modo, y sean cuales sean los ideales de cada uno, el hecho físico insoslayable es que somos meros somas (máquinas de combustión biológicas) OBLIGADAS cuales marionetas a cumplir un fin termodinámico inútil en relación al sujeto pensante (el cual es absolutamente desechable e intrascendente).