Andorra y GameStop son solo el principio

Los tiempos están cambiando. En muchos sentidos. La manida "globalización" empieza a tener consecuencias más allá del gran comercio, la gran política o los grandes medios de información, quienes han tenido que adaptarse a ella. Hay una generación de ciudadanos que no han tenido que hacerlo. Adaptarse, digo. Han nacido y han crecido en un mundo ya globalizado y eso se empieza a notar.

Estos globalizados nativos entienden muy bien las reglas del juego de rol en el que estamos participando todos y las usan (legítimamente) a su favor, desconcertando a los más veteranos. En el manual de juego pone:

En la bolsa, el precio de las acciones de una empresa depende de la proporción de compras y ventas, y no de la actividad de la empresa en sí.

Las redes sociales pueden convertir pequeños gestos en enormes hazañas. Pues hagamos una gran hazaña y elevemos a los altares a la empresa que queramos. Solo hace falta un motivo, fácil de explicar, con el que convencer al resto. En un segundo, millones de personas nos coordinamos (¿recordáis cuando costaba dinero llamar por teléfono?), ponemos patas arriba Wall Street y, algunos, ganamos un dinerillo.

En otra parte del manual pone:

Los impuestos se pagan donde uno reside y cada país es libre de pedir la cantidad que quiera.

Resulta que muchos nativos globalizados son también nativos digitales y trabajan "en la nube" (literalmente, podrían trabajar mientras viajan en avión). Por otra parte, lo del patriotismo económico no va con ellos. Igual que cambian de proveedor de teléfono sin tener apego por "el de toda la vida", ven a su país como uno de muchos proveedores de servicios a su disposición... así que, buscan, comparan y, si encuentran algo mejor, piden la portabilidad (los nativos globalizados no entenderán del todo la retranca de la frase anterior).

Para mí, los dos ejemplos anteriores (basados en hechos reales, como sabéis) son dos caras de la misma moneda. O, mejor, del mismo dado icosaédrico, porque habrá más. Trabajar donde uno quiera será cada vez más habitual; el concepto de "patria" ya no significa lo mismo que antes; los trajes de rayas, los gemelos y las corbatas de los economistas (y de los políticos) ya no impresionan a nadie... ya no vale con que nos digan "las cosas son así". Sabemos que se pueden hacer mejor, no nos conformamos con vivir en un mundo desigual e injusto y sabemos cómo hacer que cambien las cosas.

Nuestros gobernantes (de todos los niveles) están a tiempo de reaccionar. Están a tiempo reconocer que los valores que les han llevado a estar donde están, están obsoletos. Los que se den cuenta de ello, podrán seguir siendo "masters del juego" y, los que no, inevitablemente serán sustituidos por otros que tienen lo que hay que tener, en el sentido más pragmático de la expresión.

Los anteriores son solo dos ejemplos que puede que nunca sean más que anecdóticos, pero, por muchas otras situaciones que nos han abierto los ojos en estos últimos meses, sabemos que vivimos tiempos que dejarán su huella en el futuro. Está en nuestra mano que esa huella, y las que irán detrás, dejen su marca en el camino correcto.

Gracias por leerme.

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